El lado oscuro de la radiación
El tratamiento del cáncer con radioterapia no sólo tiene un valor limitado y discutible sino que con frecuencia resulta mucho más nocivo que beneficioso. Como ya adelanté, los efectos colaterales conocidos de la terapia con radiación incluyen la inmunodeficiencia severa y prolongada además de daños cromosómicos que podrían producir cáncer más tarde. "Incluso la aplicación de dosis muy moderadas de radiación en los testículos y ovarios pueden causar la esterilización o inducir a mutaciones genéticas", reconoce el oncólogo Lucien Israel -consultor del Instituto Nacional contra el Cáncer- en su libro Conquering Cancer. La radioterapia puede también impedir de manera permanente el crecimiento de los niños.
Pero hay muchos más "efectos colaterales". La radioterapia puede provocar náuseas, vómitos, pérdida de pelo -temporal o permanente-, ronchas y quemaduras de la piel y las membranas mucosas, debilidad y fatiga, lesiones o úlceras en boca, garganta, intestinos, áreas genitales y otras partes del cuerpo, necrosis de los huesos, dilatación permanente de pequeños capilares y arterias debajo de la piel, amenorrea, úlceras en el recto, fístulas, ampollas ulceradas, diarrea, colitis, hinchazón... Como puede verse, un cuadro alentador en una terapia que se supone curativa. Y los mencionados son sólo los efectos a corto plazo. A largo plazo, la radioterapia causa daños y trastornos en los órganos y tejidos del cuerpo. Todo ello sin que el oncólogo se comprometa absolutamente a nada.

"La mayoría de los cánceres -escribía John Cairns, profesor en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en el número de noviembre de 1985 de Scientific America- no se puede curar mediante la radiación porque la dosis de rayos X necesaria para matar a todas las células cancerígenas podría también matar al paciente".
Hay estudios que demuestran que las personas que se han sometido a radioterapia son más propensas a desarrollar metástasis en otros lugares del cuerpo. Así lo asevera el ya mencionado doctor Lucien Israel, para quien "la radioactividad usada para matar las células del cáncer también puede activar el proceso de mutación que crea nuevas células de cáncer de otros tipos".
Pero hay más. El National Surgical Adjuvant Breast Project, a la hora de analizar los efectos de la radioterapia en el cáncer de mama, concluye: "De los datos disponibles parece deducirse que el uso de irradiación en el post-operatorio no ha proporcionado ventajas discernibles a los pacientes tratados en términos de aumento de la proporción de quienes quedaron libres de la enfermedad durante cinco años". De hecho, según varios ensayos clínicos y un estudio publicado en 1974 por Jan Stjernsward -Decreased Survival Related to Irradiation Postoperatively in Early Operable Breast Cancer en "The Lancet"- en algunos casos concretos la radioterapia aplicada después de una operación de cáncer de mama incrementa incluso el índice de mortandad. Y según otro estudio realizado por epidemiólogos del Centro Médico Presbiteriano de Columbia publicado en 1998, el tratamiento con radiación del cáncer de mama aumenta ligeramente el riesgo a largo plazo en la mujer de padecer cáncer de esófago.
El estudio se dirigió a examinar los archivos de más de 220.000 pacientes de cáncer de mama diagnosticadas entre 1973 y 1993. El grupo incluyó a pacientes que recibieron radioterapia y a aquellos que no. Diez o más años después del diagnóstico, los pacientes irradiados presentaban aproximadamente cuatro o cinco veces más probabilidades de desarrollar cáncer de esófago que los pacientes no irradiados o que las mujeres de la población general según Ahsan y Alfred Neugut, autores de la investigación. Este fue el primer estudio que relacionó el uso de la radioterapia en el cáncer de mama con un aumentó del riesgo de sufrir cáncer de esófago.
"Muchas de las complicaciones ocasionadas por la radiación no se hacen evidentes hasta varios años después del tratamiento dando al terapeuta y al paciente un falso sentido de seguridad durante uno o dos años (...) La médula ósea, donde se generan las células de la sangre, resulta considerablemente obliterada en el campo de irradiación (...) Y se trata de un efecto irreversible", afirmaba por su parte ya en 1980 en el Seattle Times el doctor Robert F. Jones,
Algunos otros efectos están más enmascarados. En un estudio realizado en 1995 en Oxford por Ridgely Ochs sobre el cáncer de mama -y que parece confirmar las tesis de Gofman citadas anteriormente- se encontró que muchas mujeres que fueron irradiadas murieron de ataques cardíacos porque sus corazones se habían debilitado por el tratamiento.
La radiación también debilita el sistema inmune, lo que puede llevar a la muerte por causas secundarias como neumonía u otras infecciones interiores. Muchos pacientes cuya muerte realmente se certifica por deficiencia cardiaca, pulmonía o fracaso respiratorio mueren de cáncer o, para ser más exactos, a consecuencia de su tratamiento para el cáncer. Que es, por cierto, otra de las razones por las que las estadísticas del cáncer -basada en los datos de las "causas de muerte" recogidas en los certificados oficiales- no reflejan la verdad de los auténticos resultados de las terapias ortodoxas.
Hay tres radiólogos bien conocidos, William Powers -director de la División de Radioterapia en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington-, Phillip Rubin -jefe de la División de Radioterapia de la Escuela de Medicina de la Universidad de Rochester- y Vera Peters médico del Princesa Margaret Hospital en Toronto (Canadá)- que no mostraron reparos a la hora de criticar las bondades de la Radioterapia. "Aunque la radioterapia preoperatoria y postoperatoria ha sido utilizada extensamente y durante décadas no es todavía posible demostrar el beneficio clínico inequívoco de este tratamiento combinado (...) Aun cuando la proporción de cura mejora con una combinación de radiación y terapia es necesario establecer el costo en incremento de mortalidad que puede tener lugar en los pacientes sin respuesta favorable a la terapia adicional", afirman en la ponencia titulada Preoperative and Postoperative Radiation Therapy for Cancer que presentaron en la Sexta Conferencia Nacional contra el Cáncer de Estados Unidos.
Fuente: Salud.com
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