Aspectos de la coagulación de la sangre en los diabéticos
El organismo tiene una serie de recursos propios que le permiten mantener en equilibrio algunas de sus funciones opuestas. Es lo que sucede con la coagulación la sangre.
La coagulación de la sangre, proceso que lleva a la solidificación de un elemento habitualmente líquido como es el fluido sanguíneo, es imprescindible para evitar el derrame o extravasación de este líquido vital, lo cual puede producirse frecuentemente frente a pequeños traumatismos o en forma mensual, como en el caso de la mujer durante su período menstrual. Por supuesto, éste es un mecanismo importantísimo cuando alguien debe ser sometido a una cirugía, acto médico que implica abrir, inevitablemente vasos sanguíneos (aunque más no sea los que se encuentran bajo la piel). Por otra parte, si la sangre tendiera a coagularse en exceso, aparecería la dificultad para que pudiera circular, sobre todo en vasos pequeños como los capilares sanguíneos, e incluso se formarían coágulos o grumos, que se denominan trombos, que tapan los vasos sanguíneos. Si estos trombos se desprenden del lugar en el cual se originaron, pueden desplazarse hacia otros territorios circulatorios y producir obstrucciones del flujo sanguíneo en lugares vitales (como el pulmón) o muy importantes (como el cerebro o el resto del sistema nervioso central).
Por eso mismo, el estado de físico de la sangre debe seguir los conceptos del ying y del yang (por hacer una analogía con las doctrinas orientales). Es decir, la coagulación de la sangre debe estar balanceada: no ser excesiva demasiada como para formar trombos ni insuficiente como para promover sangrados peligrosos.
En la década de 1940 se descubrió que en la circulación existía una sustancia denominada activador del plasminógeno, que es la encargada de disolver los pequeños coágulos sanguíneos que podrían formarse en diversas partes del organismo, de modo que éstos nos se desplacen ocasionando perjuicios a distancia. Más adelante (1983), se detectó otra sustancia con acciones opuestas: el inactivador (inhibidor) del plaminógeno, que contrarresta las acciones del activador.
Esta sustancia justamente, es la que se encuentra elevada en personas con tendencia a la trombosis venosa, en obesos, en pacientes con insuficiencia coronaria y en diabéticos.
Químicamente emparentada con la clara de huevo, solamente se encuentra normalmente en niveles elevados en el momento del alumbramiento, es decir, de la expulsión de la placenta luego de un parto normal. Esto sucede con el solo fin de favorecer la coagulación de la sangre, ya que de lo contrario podrían producirse hemorragias profusas. Fuera de esta circunstancia fisiológica (normal), el exceso de inactivador del plasminógeno es un riesgo para la formación coágulos en exceso.
Los diabéticos se encuentran entre aquellas personas que presentan habitualmente elevados niveles de inactivador del plasminógeno, lo cual favorece una tendencia hacia la coagulación de la sangre. Éste es uno de los factores importantes por lo cuales tienen una mayor propensión a experimentar ataques cardíacos o problemas cerebrovasculares. Éstos sucede particularmente en diabéticos tipo 2, con insulinorresistencia y obesidad.
En este sentido resultan muy interesantes los hallazgos publicados por los doctores Hittel, Kraus y Hoffman en el Journal of Physiology (revista científica sobre aspectos funcionales del organismo). En esta publicación, los expertos demostraron que la práctica de ejercicio físico aeróbico, en forma de entrenamiento planificado, reducía notoriamente los niveles de activador del plasminógeno, sobre todo en individuos de mediana edad, sedentarios, y con sobrepeso u obesidad. Estos hallazgos se asociaron con incremento en las concentraciones circulantes del activador del plasminógeno (responsable de disolver coágulos). Estos mismos trabajos demostraron que 15 días después de suspender la práctica de actividad física, los valores de ambas sustancias retornaban a la situación previa.
En conclusión, existiría una sola manera de mantener en equilibrio los valores del activador y del inactivador del plasminógeno (coagulación y anticoagulación de la sangre): dejar de fumar, comer de manera adecuada, practicar actividad física con regularidad, reducir el peso corporal y conservar el control de la glucosa. Es decir, seguir las pautas habitualmente recomendadas para todo paciente diabético.
Fuente: Diabetes Online
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