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Salud En General

Guatemaltecos con el VIH labran un futuro mediante el ahorro

Fuente: Robyn Fieser para Catholic Relief Services

En el pequeño pueblo polvoriento de Coatepeque, en el occidente de Guatemala, se reúne un grupo de personas dos veces al mes en el salón del segundo piso de este centro para pacientes con el VIH. Es un grupo diverso, pero con dos cosas en común: son pobres y tienen el VIH.

Vienen desde lugares tan lejanos como la frontera con México. Incluso algunos salen de su casa a las 2 de la madrugada. Una olla de pache, tamal guatemalteco de papa, hierve en una cocina cercana, llenando el salón con la promesa de que habrá comida, tal vez la única del día, antes del largo viaje de regreso a casa.

El grupo está compuesto por veinte personas en total: agricultores, amas de casa, comerciantes. Sin embargo, no es el virus ni su condición económica lo que los reúne. El grupo se ha nombrado a sí mismo Fortaleza, y es fácil también aplicar el mismo nombre a su determinación.

“Más que todo, quiero vivir”, dijo Catalina Gómez. “Quiero que Dios me siga dando vida”. Los demás dicen lo mismo, como si fuese un mantra o el lema del grupo.

En Guatemala, donde las personas que viven con el VIH carecen de atención médica y afrontan una discriminación generalizada, este grupo ayuda a sus miembros a vivir y prosperar.

El grupo es un perfecto ejemplo del modelo de microfinanzas para ahorrar patrocinado por Catholic Relief Services (CRS). Los miembros aportan lo que está a su alcance. Las contribuciones van a un fondo comunitario, que se mantiene en una caja fuerte hasta que algún miembro necesita un préstamo, se presenta una emergencia o el grupo decide comprar algo.

“Darle a la gente un mecanismo de ahorro ayuda más que ofrecerles crédito, ya que éste sería una deuda que tendrían que pagar”, explicó Melita Sawyer, especialista del programa de microfinanzas de CRS. “No es el monto que ahorran lo que le da a la gente esperanza y le permite planear para el futuro, sino el hábito de ahorro, de lograr algo”.

En Coatepeque, los miembros del grupo se presentan con bolsas de tela donde llevan lo que van a aportar —a veces apenas son 3 quetzales (unos 37 centavos de dólar)— y la libreta donde se anotan los depósitos y se muestra el balance de lo que han depositado en el fondo.

Desde marzo de 2009 el grupo ha ahorrado 209 dólares, una suma que puede parecer insignificante, pero no en un país donde mucha gente vive con menos de 2 dólares diarios.

Al final de la reunión al grupo se le ofreció algo especial: una comedia escenificada por estudiantes locales que recurrieron al teatro para educar al público sobre el VIH y el sida.

El espectáculo consistió en una dramatización de la transformación, desde la ignorancia acerca del VIH y el sida hasta la aceptación. Cuando el personaje con el VIH cae al piso suplicando amor, parte de la audiencia inclinó sus cabezas al unísono en señal de aprobación. Una anciana repitió, como si estuviera rezando: “Eso es lo que ocurre cuando tu propia familia te rechaza”, sacó una pequeña toalla y se secó las lágrimas. Ella no es la única a quien la interpretación le arrancó lágrimas.

Es fácil menospreciar lo difícil que debe ser el vivir con el VIH en este país y lo aislados que deben sentirse. Al no disponer de las reconfortantes películas y anuncios de televisión que existen en los Estados Unidos, este pequeño drama es una verdadera inspiración para ellos, cuyas vidas no se ven reflejadas en nada.

Nuestro mundo necesita más historias de éxito, paz y esperanza. Lee más testimonios y aprende cómo puedes ayudar a los que más te necesitan visitando el sitio de Catholic Relief Services, la agencia oficial de la comunidad católica de los Estados Unidos para ayuda humanitaria internacional.


Fuente: contenidolatino.com
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