Vivir con el virus del sida y aprender a dominarlo
Prescilla Minaarr, de 41 años, forma parte de los cinco millones de sudafricanos que viven con el virus del sida a cuestas, pero también es de las pocas personas que, con el tiempo, ha logrado amaestrar la enfermedad.
Su casa, en el barrio de chabolas de "Squatter Camp", en al sureste de Johannesburgo, está llena de preservativos. Prescilla participa en campañas para evitar el sida y cree que sólo luchando se puede vivir con la amenaza latente de morir de sida.
"No me puedo morir porque tengo a mis hijos que dependen de mí", dice a Efe Prescilla, con tres hijos, viuda. Su marido, que le infectó, murió hace tres años. Su compañero actual también es seropositivo.
Uno de sus hijos, de diez años, es el que le recuerda a diario que debe tomarse las quince pastillas retrovirales y contra la tuberculosis, que complementa con una inyección también diaria.
Sudáfrica es el país con el mayor número bruto de enfermos con el virus del sida, con unos niveles que se han mantenido con pocas variaciones en los últimos diez años.
El último informe anual de ONUSIDA colocaba a este país como el segundo, después de la India, pero la revisión hecha en noviembre por la organización, reduciendo a cerca de la mitad los casos calculados en la India, coloca a Sudáfrica en el primer lugar.
Según estos cálculos, el 11 por ciento de la población total de este país está infectada con el virus. Entre los sudafricanos con edades comprendidas entre los 15 y 49 años, el grupo de mayor riesgo, el VIH afecta al 19 por ciento.
Este último nivel está lejos del 33 por ciento de Suazilandia, la nación con el mayor porcentaje de personas afectadas por el VIH/Sida, pero, en cantidades brutas, Sudáfrica está a la cabeza.
El sida en este país mata anualmente a medio millón de personas. Mueren los más jóvenes y los más pobres. También deja cada año centenares de miles de huérfanos.
"Nada puede curar el sida. Se puede vivir con él, pero nada lo puede curar", sostiene June Geswandd, de 44 años, del mismo barrio de chabolas que Prescilla.
Han pasado más de veinte años desde que se tuvieran noticias de esta enfermedad, pero todavía aún, en sociedades como la sudafricana, en las que el VIH/Sida es ampliamente conocido, las comunidades siguen sin aceptarlo.
"Cuando me enfermé iba de casa en casa a buscar comida, pero la gente huía de mí porque parecía un cadáver", dice Prescilla recordando los tiempos en los que comenzó a caer enferma sin que supiera que era seropositiva.
"Todos me cerraban la puerta", agregó.
La falta de información, las confusiones entre la población, algunas veces generada por los líderes políticos, las costumbres en las sociedades tradicionales y, finalmente, la corrupción, son algunas de las causas que, según los expertos, hacen que Sudáfrica no haya logrado ganar la batalla para prevenir el sida.
Esos componentes crean un "cóctel letal", como sostiene un informe de 150 páginas sobre este tema dado a conocer por el Instituto sobre Estudios de Seguridad de Sudáfrica y Transparencia Internacional.
"La corrupción y el descuido son un cóctel potencialmente letal cuando se combinan con el sida, una enfermedad voraz", dice el documento.
Las ONG que luchan contra este mal han criticado las afirmaciones de la ministra de Salud, Manto Tshabalala, apodada "Doctora Remolacha", quien dijo que una dieta a base de remolacha, ajo y limón sirve para combatir la enfermedad.
June reconoce que la dieta de la ministra de Salud puede servir como un complemento, pero si se quiere alargar el plazo de la muerte hay que depender de los retrovirales.
"Los tratamientos tradicionales no funcionan, solamente los retrovirales mejoran la vida", sostiene June.
Como parte de la confusión que a veces surge de las esferas oficiales, el ex vicepresidente sudafricano Jacob Zuma, el favorito para convertirse en nuevo gobernante, fue muy criticado hace varios meses por unas declaraciones que dejaron absortos a muchos.
Zuma, en un juicio al que fue sometido por la presunta violación de una mujer, que sabía estaba infectada con el virus, dijo que después del acto sexual "consensuado" se había dado una ducha para disminuir los riesgos de contagio.
"Es muy poco probable que podamos esperar liderazgo en la batalla contra el VIH/Sida de parte de un hombre que fija ese ejemplo tan pobre", afirmó hoy la líder de la oposición sudafricana, Helen Zille.
Fuente: EFE
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