Ellos también se estresan
Los bebés también sufren de estrés
Una "Pataleta", en el lenguaje paterno. Una "psicopatología del bebé", como prefiere llamarle el doctor Martín Maldonado-Durán, psiquiatra y profesor de esta materia en la Universidad de Kansas, Estados Unidos. Porque este berrinche es una de las alteraciones en la conducta y las emociones que sufren los niños menores de tres años, junto con trastornos del sueño, de alimentación y del llanto.Se estima que entre el 15% al 20% de los niños menores de tres años tienen alguno de estos trastornos, y ésa es la misma tasa de problemas de salud mental que existe en escolares y adolescentes.
La causa específica de esta alteración no está muy clara, pero se ha observado que suele presentarse cuando existen enfermedades biológicas y cuando el niño es muy sensible a estímulos como el ruido, la luz, imágenes visuales, el tacto, el movimiento.
Otro problema usual afecta a la alimentación. El niño tiene dificultades para mamar, ya sea porque se cansa fácilmente, se duerme cuando comienza a alimentarse, o bien duerme mucho y no pide alimento. Además, pasados los seis meses, algunos pequeños pueden experimentar una especie de aversión por la leche, y cuando llega la hora de comer, protestan y lloran. "Se considera que es una vulnerabilidad en el desarrollo neuromotor del niño y en su capacidad de organización. No es que la mamá esté haciendo algo mal".
Y otra gran área es la dificultad del sueño. El niño no puede dormirse o se despierta muy rápido, y cuesta que vuelva a cerrar los ojos. También pasa que despierta hasta cinco veces en la noche y lo hace llorando. "Se supone que puede haber un problema de madurez del sistema nervioso central y de mantener el estado de calma".
Terapia a tiempo
Muchas veces, cuando los padres consultan por estos trastornos, los pediatras les dicen que van a evolucionar con el tiempo. Sin embargo, el doctor Maldonado-Durán explica que el 60% de los casos no mejora espontáneamente.
Para ellos, los especialistas en psicopatología del bebé de EE.UU. han diseñado intervenciones tempranas que involucran el trabajo de un equipo multidisciplinario, formado por pediatras, sicólogos, terapeutas ocupacionales, terapeutas de familia y otros especialistas.
"No hacemos un diagnóstico basados en una observación, sino que vamos a la casa del niño, a verlo en su medio ambiente normal, y también a las guarderías, si pasan tiempo allí". Esto permite una evaluación individual del niño, de su carácter, de lo más o menos sensible que es al entorno, de la forma como los adultos más cercanos a él reaccionan a sus conductas y de los estímulos que hay en su casa.
"En una casa donde hay demasiada luz, donde el televisor pasa encendido, el niño tiene juguetes ruidosos, hay mucha gente hablando... con esa avalancha de estímulos es más fácil que él se desorganice".
En las intervenciones más sencillas, la solución está en entregarles técnicas y estrategias a los padres para tranquilizar a sus niños. "Ellos están dispuestos a hacer lo que sea por sus hijos, y muchas veces saben cuál es el problema, pero necesitan corroborarlo con un especialista".
Una de estas técnicas es enseñarles a interpretar a su hijo. Eso significa que aprendan a distinguir aquellas ocasiones en las que el niño está sobrestimulado o estresado. "Por ejemplo, cuando el papá llega del trabajo, juega mucho con él y al llegar la hora de dormir el niño está súper excitado". Ahí se sugiere pasar del juego a actividades más calmadas, arrullarlo y hacerle masajes.
También se les enseña a ayudar al niño a hacer frente a los estímulos externos que le molestan. Para eso es clave entender por qué él reacciona así, para poder enfrentarlo. "Es frecuente que los padres vean un berrinche como una manipulación. Pero el niño no lo hace por maldad, sino porque no puede manejar sus emociones".
En esos casos, menciona el doctor Maldonado-Durán, es mejor armarse de paciencia. "Hay que contenerlo con un abrazo, darle la alternativa de expresar su enojo y otras emociones de manera verbal y recompensarlo cuando lo haga".Desde los 9 meses, asegura el psiquiatra, los niños ya pueden entender que lo que hacen no está bien y están dispuestos a aceptar una alternativa a esa conducta. "Y eso es porque ellos siempre están interesados en complacer a sus padres".
Fuente: Zonai.com
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