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Salud Infantil

En carne propia

Después de obtener experiencia con niños especiales, a la psicoterapeuta Laura Silva-Scavo le tocó aplicar sus conocimientos en sus gemelos

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Sus niños la quieren y la odian, según ella lo cuenta. De vez en cuando tiene que ser rígida, pero es amorosa, les da ternura y sobre todo un entendimiento que no encuentran en la sociedad.
Tras más de 10 años de trabajar con pacientes con problemas mentales —como fobia, obsesión compulsiva, esquizofrenia, pánico u otra alteración neurobiológica— la doctora Laura Silva-Scavo jamás pensó encontrar entre sus pacientes a sus hijos.

Además, en este caso no fue sólo uno, sino dos. Los gemelos David y Michael Scavo nacieron autistas.

“Al darme cuenta sufrí demasiado, no podía creer lo que estaba pasando y me preguntaba por qué a mí”, platica. “Sufrí una gran depresión, como cualquier otra madre cuando se da cuenta de lo que le ocurre a su hijo, pero los míos eran dos”.

Pareciera una ironía de la vida. Laura es una exitosa psicoterapeuta y de las pocas profesionales latinas en esa rama que dominan a la perfección el inglés, español y francés. Su esposo, Timoteo Scavo, también es un reconocido especialista en el tratamiento de alteraciones mentales.

En carne propia



Ahora los dos enfrentan en carne propia la experiencia por la que han pasado muchos de los padres que llegan a sus consultorios con hijos “especiales”.

“Es todo un reto y un estado de tanto dolor que tienes que aprender a vivir feliz”, expresa la doctora, “ya no lo haces sólo por ti sino por ellos”.

La doctora Laura conoce muy bien de desafíos, ha vivido con ellos toda su vida, por eso más que quedarse encerrada con sus padecimientos, quiere promover toda clase de información sobre los diferentes problemas mentales que muchas veces son ignorados por el resto del mundo.

Antes de tener dos hijos con autismo, la experta siempre trabajó para difundir información entre los padres de familia sobre la diversidad de problemas mentales para que, de detectar uno de estos síntomas en sus pequeños, en lugar de ocultarlos, los traten.

Pero pese a todo, el desconocimiento, el miedo y la ignorancia han ido construyendo un mito alrededor de este tipo de padecimientos que se convierten en una carga para los afectados y sus familiares.

“A pesar de que son situaciones que siempre vi y comprendí en otros padres, cuando te toca, sientes que nadie comprende tu dolor”, comentó.

Laura Silva tiene 43 años de edad y es mexicana naturalizada estadounidense. Estudió en la prestigiosa Universidad de las Américas, en Puebla, México, la carrera de antropología, con especialización en arqueología y sociología. Luego de vivir unos meses en Europa, decidió venir a Estados Unidos y entró a la Universidad de Syracuse, de Nueva York, a estudiar una carrera en salud pública.

Es de las pocas psicoterapeutas con cuatro credenciales médicas y además experta en temas relacionados con el tratamiento para personas con síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida).

Su especialización en salud mental le ayuda a identificar si un pequeño puede tener problemas de adaptación social en el futuro y a que los adultos puedan combatir algún problema mental. Su experiencia en estos temas la llevó a detectar el autismo en sus hijos cuando éstos sólo tenían 18 meses de nacidos.

Miedo a la maternidad

“Llevaba más de 10 años de casada y no había querido tener hijos, tenía miedo”, expresó la doctora.

El temor por la maternidad nada tenía que ver con las situaciones que Silva atendía en su consultorio, sino por la “obsesión compulsiva” que padece.

“En 1987 comencé a desarrollar una adicción a la limpieza, todo lo que tocaba tenía que estar desinfectado”, relató. “Me lavaba por horas, tardaba hasta tres horas bañándome, no podía tocar nada sin que me causara una especie de repudio”.

La experta dice que con un carácter tan empecinado como el de ella, esa obsesión no le impidió dejar de ir a la escuela.

“Las enfermedades mentales como ésta [obsesión compulsiva] no se curan, pero puedes llegar a controlarlas. Es un dominio de la mente a lo que te repudia”, señala. “La combatí; no quise quedarme en un rincón a llorar, ni aislarme del mundo”.

El temor por procrear un hijo era porque Laura no quería que su bebé sufriera por su obsesión.

A los 35 años, la experta dio a luz a Verónica, quien ahora tiene 8 años de edad.

“La niña nació sin ningún problema, y mis obsesiones estaban controladas; ella podía correr sin zapatos y hasta tocar un perro y no me daba asco, por eso fue que mi esposo y yo decimos tener otro hijo”, explica.

Cuando su primogénita estaba por cumplir 1 año, nacieron los gemelos, quienes ahora tienen 7.

A los 12 meses de nacidos, Laura comenzó a detectar ciertas reacciones en sus hijos que no eran propias de su edad.

“Así que fui la primera en diagnosticar a mis hijos con autismo”, expresó.

Una persona con autismo nace con alteraciones neurobiológicas que ocasionan una distorsión en su desarrollo. De estas alteraciones se deriva la falta de autoconciencia personal, sufren dificultades muy severas en la interacción social y para sentir empatía emocional. Además, tienen gran dificultad para adquirir el mecanismo del lenguaje.

“Trato de llevar una vida normal con estos pequeños ‘clientes’ que ahora son mis hijos”, comentó.

Entre el dolor, la felicidad

El matrimonio Scavo-Silva trata de salir adelante y ayudar a sus tres hijos a enfrentar una vida normal, sobre todo a Verónica, quien ahora tiene más conciencia de lo que pasa.

“Ella está atravesando una etapa de dolor. Yo no sabía cómo explicarle lo que eran sus hermanos”, relata la psicoterapeuta. “Le decía, ellos son muy, muy… y no podía terminar la frase. Pero Verónica con toda tranquilidad la concluía: ‘Muy especiales, mami’”.

La doctora Laura dice que actualmente tiene que ayudar a su hija a vivir el dolor crónico que supone olvidar a los hermanos que hubiera deseado tener.

“Lo que más quería era ver a mis hijos ir a estudiar a la Universidad de Harvard, pero lo menos que puedo esperar es que uno de ellos aprenda algo de cocina y el otro de carpintería, que es lo que les gusta”, relata.

Mientras transcurre la entrevista, David y Michael juguetean con su padre en el jardín. Luego vuelven hacia su madre, se cuelgan con emoción de sus brazos. La tocan, le sonríen, la abrazan, parecen felices.

“Esta experiencia me ha cambiado en muchas formas y dimensiones”, dice la experta, “por eso ahora quiero que se conozca aún más no sólo lo que es el autismo, sino los diferentes estados mentales que pueden padecer los niños”.

La psicoterapeuta concluye que el padecimiento de ciertas enfermedades en los hijos también es una transición que los padres deben aprender a sobrellevar, por eso es importante el apoyo de otras personas que viven este tipo de situación.


Fuente: La Opinión
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