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Salud Infantil

Fobia Escolar

Septiembre es también un mes difícil para los niños, ya que es el momento de volver a la escuela, o de asistir por primera vez a ella, y éste nuevo rumbo en su vida puede provocar dolores de cabeza para los padres, ya que es posible que los más pequeños de la casa pasen malos momentos hasta que se habitúen a su nueva rutina.

El comienzo de las clases es muy importante en la vida de un niño, ya que supone su primer contacto con un lugar que pronto pasará a convertirse en algo así como su segundo hogar, en el que pasará muchas horas y en el que experimentará vivencias que marcarán su personalidad infantil e influirán en su vida futura.

El niño que aterriza por primera vez en la escuela se ve arrancado de un medio familiar que le supone una protección total y, de repente, se encuentra con que tiene que convivir en un nuevo ambiente al que tendrá que habituarse.

Por ello es normal que los primeros días de escuela los menores mantengan un actitud de rechazo hacia este nuevo lugar, manifestando su deseo de no acudir a él e, incluso, inventando excusas de cualquier tipo para presionar a los padres de la necesidad de permanecer en casa.

Fobia Escolar



Sin embargo, éste no es más que un periodo de adaptación que suele acabar en cuanto el niño se habitúa a las nuevas actividades y acepta, gracias al apoyo de los mayores, que está comenzando una nueva etapa en la que va a descubrir cosas nuevas y divertidas.

Cuando el miedo se convierte en fobia

Sin embargo, hay un pequeño porcentaje de niños que sufren algo más grave que un breve periodo de adaptación, convirtiendo su rechazo a acudir al colegio en una verdadera fobia.

Las fobias son una forma de miedo desproporcionado a la situación que lo desencadena y están relacionadas con estímulos que no son objetivamente peligrosos. Pero, además, no pueden ser eliminadas racionalmente porque están más allá del control voluntario, tienen una duración larga, e interfieren de modo considerable en la vida cotidiana del niño.

En el caso de la fobia escolar, especialistas señalan que es un síndrome que se caracteriza por un manifiesto rechazo a la asistencia a la escuela e implica un temor irracional por alguna situación particular. Los síntomas suelen ser dolor abdominal, náusea, vómito, diarrea, dolor de cabeza, palidez y debilidad. Éstos aparecen por la mañana antes de ir al colegio y, por lo general, desaparecen antes de que terminen las clases. Además, nunca aparecen los fines de semana ni días festivos.

Según los expertos, éste es un trastorno poco común que tiende a darse con más frecuencia entre los 3 y 4 años, o entre los 11 y 12 años, y afecta a más niños que niñas. Su aparición en los más pequeños es repentina, mientras que en mayores y adolescentes surge de forma más gradual, y es de carácter más intenso y grave, y con peor pronóstico.

¿Cuál es el origen de este síndrome?

Los expertos señalan como factores que predisponen la aparición de la fobia escolar los trastornos de ansiedad o depresión de los padres, algunos miedos relacionados con la escuela (como el temor a un profesor o a uno o varios niños) o sucesos vitales negativos, como puede ser una enfermedad prolongada o la separación de los padres.

El miedo fundamental no es el de ir a la escuela, sino el de dejar el hogar y separarse de la familia, especialmente de sus padres. Es en ese momento cuando aparecen los primero síntomas.

Esta fobia al colegio suelen desarrollarla niños ansiosos o tímidos, y aquellos que son muy dependientes, con madres autoritarias o muy complacientes y padres pasivos. Estas madres frecuentemente sienten temor a que su hijo se aleje de ellas y le transmiten su ansiedad. Por ello, a medida que el niño se angustie más por ir a la escuela, más se preocupará la madre por su miedo y así se generará un círculo vicioso, donde la ansiedad de la madre afecta al hijo y viceversa, empeorando los síntomas de separación.

Así, los niños que tienen más predisposición a padecer este trastorno son aquellos que no han salido de casa, es decir, que no han asistido a guarderías o jardines de infancia, y nunca se han separado de los padres.

¿Cómo hay que actuar ante un caso así?

Los padres deben acudir al médico para descartar que se trate de una enfermedad orgánica real, y no de una "excusa" por parte del pequeño para no acudir a clase.

Una vez descartado cualquier síntoma físico, lo primero que hay que hacer es descubrir los motivos por los que el niño no quiere acudir al colegio. Para ello lo recomendable es que los padres hablen con su hijo e intenten que éste les hable sobre el origen de su temor. Así será más fácil ponerle remedio.

En cualquier caso, no hay que ceder al chantaje. El niño no puede quedarse en casa si no existe una razón justificada, por lo que hay que llevarlo a la escuela. Si bien, lo mejor es que uno de los padres lo acompaña hasta la clase, e incluso permanezca allí un breve período de tiempo.

También puede ser beneficioso, en algunos casos, y de acuerdo con los profesores, modificar el horario de la escuela para que el niño pase, al principio, menos tiempo en ella, hasta que poco a poco se vaya acostumbrado y consiga integrarse con los demás compañeros. Puede ocurrir, con algunos niños, que sea necesario cambiar de maestro o, incluso, de colegio.

Muchas veces el problema se presenta en casa por las mañanas, tardan en levantarse, desayunan tarde y con prisas, no se visten, no encuentran las mochilas, los padres se ponen nerviosos porque les afecta a su puntualidad en el trabajo, etc. En estos casos, los expertos señalan que es imprescindible establecer una rutina, se trata de conseguir que todo se convierta en un hábito y se realice casi de forma automática de modo que al niño apenas le de tiempo para pensar en su miedo.

Es muy importante que los padres se interesen por las actividades que realiza su hijo cada día en clase, preguntándoles, reforzándoles, y haciendo que se ilusionen con los acontecimientos del colegio. Además, les pueden animar a que inviten a casa a compañeros de clase, participar en actividades organizadas por el colegio, etc.

Si el problema perdura se debe buscar ayuda profesional, ya que de lo contrario el niño puede desarrollar un miedo demasiado intenso al colegio, y puede estar "ocultando" una patología distinta.


Fuente: Saludalia
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