A pesar de que no se ha determinado la frecuencia, duración e intensidad óptimas del ejercicio para pacientes con cáncer, estudios han confirmado que ellos responden y pueden beneficiarse del ejercicio.
Los pacientes con cáncer pueden beneficiarse mucho con programas regulares de ejercicios, a pesar de que muchos poseen limitaciones debido a la enfermedad o bien por el tratamiento que reciben.
En estos casos influye el estadio de la enfermedad en que se encuentren, si están recibiendo tratamiento activo, tratamiento para metástasis o si están en remisión.
A la fecha existen pocos estudios sobre los parámetros de duración, intensidad y frecuencia de ejercicio óptimos para pacientes con cáncer. Los principios de prescripción de ejercicios deben utilizarse de manera similar en estos pacientes, aunque teniendo el cuidado de atender las limitaciones individuales.
Se ha encontrado que existe una relación de dosis-respuesta con la fatiga y la falta de energía de estos pacientes. Es decir, los que aguanten sesiones más largas (más de 15-20 minutos) sentirán menos fatiga y cansancio que los que no puedan llegar a esos niveles.
También hay datos que sugieren que iniciar en pacientes seleccionados con sesiones más cortas (10 minutos) es válido y permite ir acostumbrando al paciente al ejercicio, hasta que se le pueda llevar a mayores niveles y sesiones más largas.
A pesar de que no se ha determinado la frecuencia, duración e intensidad óptimas del ejercicio para pacientes con cáncer, estudios han confirmado que ellos responden al ejercicio y pueden obtener los siguientes beneficios:
• Mejoría del acondicionamiento físico.
• Disminución de las alteraciones del estado emocional.
• Incremento de la fuerza y la resistencia muscular.
• Aumento de la eficiencia y autosuficiencia, con más capacidad de funcionar independientemente.
En pacientes que están recibiendo tratamiento activo, es necesario evaluar su estado de salud antes de cada sesión de ejercicios y acomodar la sesión o posponerla, según se encuentre el paciente. Por ejemplo, los pacientes con vómito o diarrea, fiebre o neutropenia, deberán posponer los ejercicios.
Los pacientes con número bajo de plaquetas deben tomar también las precauciones necesarias para evitar los traumatismos, especialmente los golpes en la cabeza. Los niveles bajos de hemoglobina implican que la intensidad del ejercicio debe mantenerse muy baja, hasta que la hemoglobina suba al menos por encima de 10gm/dL.
Finalmente, la prescripción de ejercicio debe ir variando con los cambios en el estado del paciente, lo ideal sería que siempre fuera hacia mayores volúmenes y más altas intensidades de ejercicio, pero puede darse el caso de que se necesite disminuir.
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