Efectos de anticonceptivo masculino son reversibles, según estudio
Cuenta de espermatozoides volvió a niveles de fertilidad de 20 millones por milímetro en tres o cuatro meses tras suspensión del tratamiento
La "píldora masculina", en la que trabajan actualmente los laboratorios, no tiene efectos irreversibles para la fertilidad, según un nuevo estudio médico publicado en "The Lancet".
Los varones se muestran reacios a recurrir a un anticonceptivo a menos de tener la seguridad total de que, una vez que dejen de tomarlo, sus niveles de espermatozoos volverán a la normalidad.
Para verificar esa posibilidad, un equipo dirigido por Peter Liu, del Instituto de Investigaciones Biomédicas, de Los Angeles (EEUU), estudió treinta estudios sobre la llamada "píldora masculina" publicados entre 1990 y 2005.
Los ensayos efectuados indican que es posible reducir la cuenta de espermatozoos a "niveles de infertilidad" utilizando tratamientos hormonales, bien en forma de píldoras o de implantes, o combinándolos.
Esos tratamientos incluyen los implantes de testosterona y las inyecciones de progesterona, la hormona sexual femenina.
Actualmente hay dos estudios en marcha, uno de ellos en China y el otro en Europa, cuyo objetivo es demostrar que se trata de un tratamiento seguro en todos los sentidos.
El estudio se proponía demostrar, por el contrario, para tranquilidad del varón, que los efectos de esos tratamientos no son irreversibles, es decir que aquél puede volver a procrear.
Según el citado estudio, la cuenta de espermatozoides volvió a niveles de fertilidad de 20 millones por milímetro en un plazo de entre tres y cuatro meses tras la suspensión del tratamiento.
Los varones de más edad, así como los asiáticos que tenían un mayor número de espermatozoides al comenzar el experimento, tardaron incluso menos en recuperar los anteriores niveles.
Los ensayos efectuados indican en cualquier caso que los varones recuperarán la fertilidad inicial si están dispuestos a esperar el tiempo suficiente.
Se ignora si esos resultados son suficientemente tranquilizadores como para acelerar la llegada al mercado de la llamada "píldora masculina".
Las compañías farmacéuticas pueden mostrarse reacias a asumir el riesgo de comercializar tratamientos hormonales muy potentes en un entorno como el actual, proclive a los litigios.
No es tampoco evidente que los hombres quieran utilizar un anticonceptivo diseñado específicamente para ellos, o que la mujer vaya a renunciar a su propia protección frente a un eventual embarazo.
Además se teme que la difusión de la "píldora masculina" contribuya a un incremento de las enfermedades venéreas al limitar el uso de preservativos